Para hacerle justicia a esta conversación conviene aclarar algo desde el principio: Martín Lüttecke (1994) no quería dar esta entrevista.

Su cautela resulta comprensible. En menos de una década pasó de fundar una de las marcas más prometedoras de la moda nacional a trabajar en algunas de las casas más prestigiosas del mundo. En el camino, su carrera comenzó a adquirir todos los ingredientes de una historia que la industria creativa disfruta contar: el joven obsesionado con la moda que se abre paso en Europa, el talento latinoamericano que triunfa en París, el diseñador que convierte su nombre en un sello. El problema es que Lüttecke nunca pareció sentirse especialmente cómodo ocupando ese lugar. A pesar de cómo pueda parecer sobre el papel, el diseñador chileno emigró a París para dedicarse seriamente a la moda y así poder, de cierta forma, desaparecer.

Hoy es un empleado más; en Dior, claro, una de las firmas más prestigiosas del mundo, pero eso es casi anecdótico. O, al menos, eso intenta recordarse a sí mismo. Que la moda es solo su trabajo y que él es, todavía, mucho más que eso.

Autorretrato de Martín Lüttecke.

I. OBSESIÓN

La idea de hablar de sus orígenes resulta imprecisa, porque significaría marcar un punto de inicio, un momento eureka, un antes y un después. En el caso de Lüttecke no hubo: siempre fue. Su vocación pareciera ser un continuo, un único camino que comenzó a recorrerse desde su primera bocanada. Para él, nunca hubo alternativa.

A los 17 años hizo su primer intento de peregrinaje a Europa. Estaba recién salido del colegio y, como tantos otros jóvenes aficionados a la moda, su obsesión era estudiar en Central Saint Martins, en Londres. Sus padres, entendiblemente, no aceptaron: sintieron que era aún muy chico y no creían que estuviera listo para la experiencia. Pero Lüttecke estaba más que dispuesto a jugar a largo plazo.

MARTÍN LÜTTECKE: Les dije “bueno, no me voy a ir ahora pero, si después de la universidad logro encontrar una práctica o algo interesante afuera, ¿hay alguna posibilidad de que ustedes me apoyen en realizar ese proyecto?”. Obviamente, mi papá y mi mamá pensaron, “en cinco años más, se le va a olvidar, esto no va a pasar”. Y también era como este niño que te dice “me quiero ir a trabajar en moda a Europa”...

20S: Sí. “Ya, quiero ser presidente”, “quiero ser astronauta”...

ML: Sí, o sea, “nunca le va a funcionar y nunca le va a pasar esto”, pero yo nunca lo dejé de pensar. Porque en la universidad [estudió Diseño en la Pontificia Universidad Católica de Chile] me tenían cortando unas tablas de madera para hacer un mueble o estudiando al asilo de los abuelos para ver cómo mejorar el diseño y era como, “buena onda, pero no es lo mío”. Y cuando se empezó a terminar la carrera, en el proceso de título, empecé a mandar e-mails a marcas de moda. Pero en serio, te estoy diciendo a info@gucci.com. A veces encontraba el contacto de servicio al consumidor y yo mandaba un email diciéndoles “Hola, soy Martín Lüttecke, quiero hacer una práctica con ustedes”. De una ingenuidad muy heavy, pero de una determinación muy fuerte. Creo que debo haber mandado 200 e-mails, a millones de marcas.

Tras cientos de misivas sin contestar, consiguió una entrevista en Wales Bonner. “Tengo guardado el pantallazo de esa respuesta”, recuerda. “Me llegó y me puse a llorar”. Cuando le ofrecieron una pasantía, recibió la noticia con una mezcla de incredulidad y certeza. Le contó a su familia: “Oye, ¿se acuerdan cuando tenía 17 y no me dejaron irme a estudiar porque era muy chico? Bueno, conseguí una práctica, parto en tres meses, veamos pasajes”. Partió a Londres dos semanas después de su titulación. No alcanzó a estar presente en su ceremonia de graduación.

Fotografía cortesía de Martín Lüttecke.

II. LA TRAMPA DEL ÉXITO

Tras una segunda pasantía en Haider Ackermann, en 2019 volvió a Chile a realizar su propio proyecto. Con una identidad visual forjada en la vida nocturna queer santiaguina, el nombre Martín Lüttecke pronto se transformó en una marca registrada, dominando los escenarios, las editoriales de moda locales y las fiestas de la capital.

Sinónimo de vanguardia y vitalidad juvenil, Martín Lüttecke lideraba la escena emergente de la moda en Chile, en incesante formación. Es por eso que, para sus seguidores y el público general, su desaparición fue tan sorpresiva como incomprensible.

ML: Llegué a un punto en mi marca en que tuve la sensación de decir, “ya no estoy aprendiendo nada, no estoy creciendo nada, estoy haciendo la misma fórmula una vez tras otra y, sí, está funcionando, pero tampoco estoy teniendo plata”. Tenía que vender mucho solo para poder subsistir; mucho comercial, mucha polerita con mi nombre... Echaba de menos lo que pasaba en Europa, el hecho de que hacer moda sea un trabajo, más que tener que ser una performance, porque cuando tienes tu marca eres tú y eres tú y eres tú, y eso, personalmente, me da cringe. Tenía ganas de volver a que mi trabajo fuera esto, y no tener que ser yo esto.

A cuatro años de haber sido fundada, la marca Martín Lüttecke desmontó su taller, despidió a sus trabajadores y cerró operaciones. Para el diseñador, el proceso de reajuste fue casi tan agobiante como los meses que precedieron el fin.

Fotografía cortesía de Martín Lüttecke.

ML: Fue muy difícil cerrar y parar, y tampoco lo supe comunicar bien. No hubo más colecciones y quedó todo flotando, no volví a postear nada más... Como que no sabía si tenía que decir algo o no. La gente me seguía preguntando todo el rato, “Hey, este producto me sale agotado en la web” o “Tenemos estas fotos y queremos vestir a esta cantante”, y yo no sabía qué hacer. ¿No voy a seguir? ¿Les digo que no voy a seguir?

Su desencanto con las exigencias y posibilidades que ofrecía la industria de la moda y el diseño en Chile lo impulsaron a considerar, una vez más, el desafío de emigrar. Lejos de representar la consagración de una fantasía o el tan esperado retorno a la tierra prometida del Viejo Continente, la decisión fue racional; un “ahora o nunca” marcado por la frustración y la búsqueda, un tanto desesperada, de la estabilidad y la permanencia.

ML: Nunca me quise ir por irme, porque a mí me encanta Santiago, me encantan mis amigos y soy súper cercano a mi familia, pero tenía como 27, 28 años y dije, “Bueno, quizás todavía estoy en edad de volver a Europa, estudiar y trabajar en una marca”.

III. ACTO DE DESAPARICIÓN

Cuando fue seleccionado para realizar un máster en vestuario de dos años en el Institut Français de la Mode (IFM) en París, por primera vez se entregó al vertiginoso alivio de no tener expectativas. “Fueron meses de no saber qué iba a pasar, no sabía si iba a encontrar trabajo, no tenía nada”, recuerda. “Pero no tener que cargar con el peso de este proyecto que amaba pero me abrumaba se sintió como una limpieza. Fue un proceso de soltar, soltar, soltar y, tanto así, que cuando me vine para acá, me sentía más liviano”.

Lo que sigue es una sucesión de movimientos tan lógicos como delirantes que, quienes le han seguido el rastro a este elusivo diseñador, recuentan como si se tratara de una leyenda mítica. Como parte del programa de estudios del IFM, los estudiantes deben realizar una pasantía, la cual Lüttecke realizó en Loewe. Cuando a su jefa le ofrecieron un trabajo en Dior junto al recién nombrado director creativo Jonathan Anderson, le preguntaron a qué practicante le gustaría llevarse consigo en calidad de asistente. Fue así como, hace ocho meses, Martín Lüttecke entró a trabajar en el departamento de cuero de una de las casas de moda más prestigiosas del mundo.

Fotografía cortesía de Martín Lüttecke.

20S: ¿Siempre has sido tan determinado? Porque todo lo que se ha escrito de ti apunta a que cumpliste todos tus sueños. “Martín tenía estos ídolos y ahora se convirtió en uno de ellos”. ¿Es tan así?

ML: Ay... todas estas cosas a mí me dan... Yo no me considero... No sé. Soy ambicioso pero no calculador. La vida me fue llevando hasta que de repente me pillo en esta pega rara... Pero sí crecí con esto e hice de todo para poder entrar a estos espacios, más por un tema de proyectarme en un lugar en que me sintiera bien y contento y libre, y tropecé con esta industria e hice de todo para entrar en ella. Después del quiebre, decidí que quería retomar este lado creativo, no desde un lado en el que sea yo quien tiene que liderar un proyecto sino que es simplemente mi trabajo.

20S: Más como oficio.

ML: Es mi oficio, pero aparte... Ha sido bacán cachar que hay mucha gente muy buena. Entras a estos círculos, a estos nichos, y está todo muy normalizado en esta industria: esta gente está en estas casas de moda, y tú estás acá en Dior, y éste se fue a Celine y ahora está en CHANEL y tus amigos están allá... Y se siente bien, porque de alguna manera como que es normal. Pero igual tengo estos momentos que de repente es como: “qué está pasando”. O sea, estoy en el pasillo y pasa Jonathan Anderson al lado hablando por teléfono y... qué está pasando.

IV. PROHIBIDO DEFINIRSE

20S: Tu marca surgió en un momento en que, por la edad y el contexto, probablemente estabas aún definiéndote a ti mismo como individuo; y ahora, que diseñas para otro, ¿cómo se ha definido el estilo Martín Lüttecke?

ML: Es algo que pienso un montón. Siento que hasta cierto punto, pre París, estaba en un proceso de acumulación de referencias: agregar, agregar, agregar. Y, desde que estudié, he estado en todo lo contrario. Nunca he pensado en cuál es mi estética, nunca me he propuesto “quiero que mi marca se vea así, que mi trabajo en Loewe o lo que hago en Dior se sienta así”... Cuando llegué a Dior, igual me costó un poco el proceso, porque trabajar en una marca de moda es como trabajar para otro: soy yo, pero no soy yo. Les gusta lo que propongo pero igual dentro de un margen, que es lo que ellos están buscando. Al principio me costó un poco la idea de que todo era siempre desde una perspectiva súper vestuarista, súper histórico, referencias súper antiguas, y me costó encontrarme, porque eso es algo que nunca he hecho. Siempre me ha interesado algo más actual, desde la calle, gente usando ropa u objetos de manera rara, una cosa más “trashy” y de repente me enfrento a este lugar, Dior, wow, clásico, donde todas las referencias son modelos con un vestidos cintura de avispa en los años 50. Tuve un proceso fuerte de no tomármelo personal cuando proponía algo y mis jefes me decían “no, qué es esto, qué es lo que me estás mostrando...”. El otro día hablábamos con unos amigos y ellos siempre me piden que les muestre fotos de mi marca, y yo no puedo, nunca lo he hecho, porque estéticamente ya no me gusta. Mi cerebro ha ido cambiando tanto con todo lo que he hecho, que lo valoro y creo que fue una experiencia increíble, pero no es mi portafolio actual. Ahora veo la ropa desde otro punto de vista.

Autorretrato de Martín Lüttecke.

20S: ¿De qué te nutrías para tu marca personal? ¿De qué te nutres ahora?
ML: Es raro que me preguntes esto, porque nunca fue una decisión consciente. Ahora, pensándolo, creo que viene un poco de mis papás. Siempre nos promovían el tener curiosidad por todo. De chico viajé harto y, por ejemplo, cada vez que nos íbamos a un viaje, nos hacían hacer una especie de disertación de la ciudad a la que íbamos. Te estoy diciendo, no sé, seis o siete años, con mi hermana hacíamos un PowerPoint con imágenes: cuál es la cultura, la historia. Creo que mi proceso viene un poco de ahí, esta cosa de tener los ojos abiertos y no como, “ay, voy a ir a la playa”, sino que, “bueno, ¿a dónde vamos y qué pasó y cuál es la comida típica?”. Creo que eso también moldeó mi cerebro para siempre estar quizás... ¿Mirando un poco más? En ese sentido, trato siempre de hacer el ejercicio de mantenerme curioso frente a distintas cosas. Soy un poco paco en ese sentido. Obviamente, todos consumimos una serie de mierda o un reality basura, pero trato de equilibrarlo y de mantenerme curioso por descubrir cosas que quizás no conocía antes y ver películas, leer, ir a exposiciones y mantenerme nutriendo mi universo desde algo externo a lo mío, para poder seguir una evolución creativa, porque al final te estancas y te vuelves como los papás que escuchan la misma música de los 80’, de cuando tenían 20 años, por el resto de sus vidas. Yo trato de hacer todo lo contrario.

“Si tú le preguntas a mis amigos, yo soy el que está siempre sacando fotos. Tengo muchas carpetas de fotos, pantallazos de videos, de películas, de cosas que veo caminando. Siempre estoy documentando”, explica sonriendo, haciendo que suene más a una práctica maniática que una verdadera metodología creativa. “Me dicen, ‘¿qué haces con esas fotos?’. Y, de hecho, este fin de semana me dediqué a borrar, porque tenía, no sé, millones de fotos en mi celular y ya no podía encontrar nada. En total, borré 8 mil fotos”.

El resultado más concreto de esa revisión de archivo, como podríamos denominarlo, fue una recopilación de selfies en el espejo. La cuenta de Instagram que antes solía ser la principal plataforma que sostenía la marca Martín Lüttecke hoy ofrece un vistazo limitado a lo que, según podemos imaginar, debe ser la extensa galería del celular de Martín Lüttecke, el diseñador. Con más de 12 mil seguidores y menos de una decena de publicaciones, la colección de imágenes posee un punto de vista críptico pero indudablemente propio, donde coloridos píxeles sin contexto se mezclan y combinan con jugosos y elegantes retratos de desfiles, pruebas de vestuario y ateliers.

Fotografía cortesía de Martín Lüttecke.

ML: En un momento pensé en borrar el Instagram, pero al final decidí dejarlo. Quería que se convirtiera en mi portafolio, en mi trabajo, en lo que hago. Me encantó la transición, porque me dolía la idea de borrarlo. Se había formado una comunidad muy linda. Y, hoy en día, igual me da risa, porque ha sido loco... Por Dior ha llegado mucha gente nueva que ni sabe que antes tenía una marca. Como que me pillé con esta suerte de entrar a esta pega que está teniendo un boom con Jonathan y blablabla. Y me ha pasado, no sé, estar en el backstage de un desfile y decir, “qué lindos esos zapatos”, sacarles una foto, postearlo como si nada...

20S: Y que se viralice.
ML: O sea, esos zapatos con flores de loto... Se acabó el desfile y fui a buscar la caja porque les quería tomar una foto, jamás pensando en subirlo a Instagram, sino porque yo soy así. La posteé y boom, like de Marc Jacobs. Jonathan compartió mi foto en su feed. Tiene más de mil compartidos... Me hizo verme a mí mismo, porque de repente no te das cuenta, porque es tu trabajo y estás ahí todos los días y solo subiste una foto, hasta que te das cuenta que estás en algo que la gente sigue religiosamente.

20S: Hay mucho de intuición y buen gusto natural en tu carrera, ¿pero en qué cosas sí piensas, en qué sí eres intencional al momento de crear? ¿Qué consejos le darías a alguien que esté buscando desarrollarse creativamente?

ML: Yo creo que dos cosas. Uno, lo que hablamos de la curiosidad, de siempre mantenerte con los ojos abiertos, a explorar cosas que quizás están un poco fuera de tu zona de confort y ponerte en posiciones que te van a llevar a pensar algo distinto o a mirar algo distinto. En ese sentido, no definirse tanto. Siempre me ha costado un poco la gente que es tan, “Hey, pruébate esto en una tienda”, “No es que no soy yo, no es tan yo”. Ese concepto a mí me cuesta un poco, porque siento que he sido muchos yos. El yo de ahora es muy distinto al yo de mi marca, es muy distinto al yo de los 15... Deja de definirte tanto porque, al final, eso también te va a llevar a espacios nuevos. Y así nunca vas a llegar a un bloqueo creativo, o a decir como “ay, no sé qué hacer”, porque naturalmente vas a estar siempre tan estimulado con cosas nueVas... Trata de conocer a gente distinta. Rodéate de gente que te va a nutrir de cosas en las que quizás no estarías interesado naturalmente, y mantente interesado. Eso sería un poco de curiosidad, pero también de ponerte en situaciones, ir a fiestas que quizás no irías, qué sé yo.

Lüttecke de pronto se pone de pie y, de una de las repisas de su departamento parisino, recoge una figura de plástico con la forma de una chica japonesa.

Fui a la Comic Con, ahora que estoy en mi onda animé. ¿Qué es la Comic-Con? No tengo idea. Me invitó una amiga, fue increíble y me compré esta muñeca que encontré divertida. Después me quedé pensando en ella y le saqué una foto, lo metí en Google Image y me salió que era de una serie, y esa es la serie que ahora estoy viendo. Y ahora estoy sacando pantallazos de estos personajes porque me encantan los looks y en el futuro, cuando tenga que diseñar algo, anda tú a saber si estas fotos salen a colación. A mi jefa le encanta eso. A veces los lunes le muestro todas las fotos que saqué durante el fin de semana. De repente le carga y a veces le encanta, pero está esa curiosidad.

20S: ¿Y lo segundo?
ML: Creo que es importante mantenerse humilde. No estar tan en la nube. Cuando la gente empieza a caer en esto de, “Ah, es que tengo mi proyecto y yo, yo, yo”... Ese “yo, yo, yo” al final te bloquea del otro, porque estás tan ensimismado... Por eso al principio te dije, “no sé si quiero hacer una entrevista”. Porque me cuesta un poco.

V. EL SUEÑO VERDADERO

Actualmente, Lüttecke oscila entre el disfrute de la cotidianidad y los breves chispazos de surrealismo que, sin duda, asaltan de vez en cuando a quienes se descubren viviendo una realidad con la que soñaron tiempo atrás.

ML: Peleo con quitarle importancia a esto y ponerle más importancia a mi vida personal, porque siento que este rubro ha tomado mucha importancia, y de repente me he pillado como... yéndome de mi país, viviendo lejos de mi familia, dejando a mis amigos atrás, todo porque siempre he sido súper obsesivo y me encanta la moda, pero últimamente he estado en el proceso inverso de decir “okey, me encanta lo que hago, y soy súper determinado, soy trabajador...”.

20S: ¿...Pero soy más que eso?
ML: Sí. Como en Chile no hay tanto una industria de la moda, ha sido bacán poder reinsertar mi identidad en un contexto de normalización. Es bacán que tu práctica creativa pueda ser desde lo que te gusta, como, no sé, a una bibliotecaria le gustan los libros, entonces está todo el día con los libros. Nadie te está aplaudiendo como “Bravo, hiciste esto, hiciste esto otro”. Pero al mismo tiempo, el Martín de 15 años estaría en shock, no lo podría creer. ¿Sabes? Estoy en ese contraste.

20S: ¿Qué sientes cuando piensas en el futuro? ¿Tienes proyecciones o te mantienes abierto?
ML: Como nunca, estoy tratando de practicar el estar abierto a lo que se venga. No controlarlo tanto. Siento que para llegar acá tuve que empujar mucho y, ahora que estoy acá, que estoy bien, estoy contento y estoy siendo creativo, más que nunca estoy tratando de no quedarme en el “¿qué viene ahora?”. Hoy en día, lo que me trae más felicidad son cosas más reales, que quizás antes las tenía más tapadas por la ansiedad. No sé, ayer tuve una cita increíble, mi familia viene a verme en agosto, en diciembre voy a ir a Chile... Ahora que tengo estabilidad y que mi trabajo por fin se convirtió en un trabajo, ese tipo de cosas me emocionan mucho más. Obviamente quiero seguir trabajando en moda, ojalá tener un par de años más –por lo menos– en Dior, tener un buen proceso y ver qué pasa. A pesar de que te hable de cómo me entusiasma el día a día, también me entusiasma mucho el crecimiento que estoy teniendo, sentirme necesario en mi equipo. Me dan ganas de repente de hacer mis cosas también, pero por ahora estoy absorbiendo y aprendiendo. Y bueno, quizás en el futuro me den ganas de hacer algo nuevo. Pero en diez años más, en cinco, qué sé yo. Por ahora, estoy abriendo la cabeza un poco. Solo sé que lo haría muy distinto esta vez.

Fotografía cortesía de Martín Lüttecke.